viernes, 29 de abril de 2016

Escúchame, Señor!

Gracias te doy, oh Dios incomparable,
 por tu Santa Palabra inmaculada,
 en la cual me alumbró la llamarada
 del fuego doctrinal del Admirable.

 Salióme al paso en mi senda oscura
 con todo su esplendor y su clemencia,
 siendo mi Salvador por excelencia
 al hacerme una nueva criatura.


 Por eso en la hora sacrosanta
 que sube mi oración Tu Trono,
 recibe mi alabanza en el tono
 que mi alma gozosa a Tí canta.

 Hoy, al llegar la fecha señalada
en que cumplo, Señor, estos mis años,
 olvidando los negros desengaños,
 vivo en la paz de tu bondad sagrada.

 Así, pues, apoyado en el glorioso
 cayado del Mesías, del Ungido,
 te diré con acento redimido
 ¡que sólo en Jesucristo soy dichoso!.

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